Metatarsalgia es el nombre del dolor en la zona de los metatarsianos: la parte de la planta que está justo detrás de los dedos y que soporta casi todo el peso en el momento de despegar el pie del suelo. Se describe como una sensación de andar sobre una piedra o de tener el hueso en contacto con el suelo, y aumenta al caminar descalzo, con suela fina o con tacón.
Casi siempre es un problema de reparto de carga: si una cabeza metatarsal soporta más presión que las vecinas, esa zona se irrita y aparece dolor, y con el tiempo también una dureza como señal de dónde está el exceso. Detrás puede haber un dedo que ha perdido su apoyo, un antepié ancho, una pérdida de grasa en la planta —muy frecuente con la edad—, calzado estrecho o de tacón, o una actividad que ha aumentado de golpe.
Cómo se aborda
- Localización de la zona dolorosa y de las durezas que la acompañan.
- Valoración de cómo se reparte la presión en el antepié.
- Exploración de los dedos y de la movilidad de las articulaciones.
- Revisión del calzado: anchura, suela y altura del tacón.
- Descarga de la zona y, cuando procede, plantillas que repartan la carga.
¿Sientes que caminas sobre una piedra en la parte delantera de la planta?
Pedir citaPreguntas frecuentes
- ¿Por qué me duele más descalzo en casa?
- Porque en esa zona la almohadilla natural que tienes bajo las cabezas de los metatarsianos es lo único que separa el hueso del suelo, y descalzo o con una suela muy fina no hay nada más que la ayude. El suelo duro no cede: toda la presión del despegue del pie llega a un punto pequeño. Por eso muchas personas cuentan que están mejor en la calle con calzado y peor en casa, que es lo contrario de lo que se espera. En la práctica esa observación es útil: dice que el problema es de reparto de presión y no de otra cosa. Y de ahí sale un consejo sencillo: en casa, calzado con algo de suela en lugar de descalzo o en zapatilla plana.
- Tengo una dureza justo donde me duele. ¿Es ella la que duele?
- Casi siempre es al revés: la dureza es la consecuencia, no la causa. La piel se engrosa donde recibe más presión de la que le corresponde, así que su función es señalar el punto —es un mapa de dónde está el exceso— y por eso vuelve siempre al mismo sitio. Retirarla alivia bastante y de inmediato, porque una placa dura sobre una zona irritada añade su propia presión, pero si nada cambia se rehace en unas semanas. De ahí que la sesión no acabe con la dureza retirada: acaba mirando por qué esa zona carga más de lo que debe, que es lo único que hace que deje de volver.