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Los primeros pasos del día son los peores y luego mejora. Ese patrón es muy característico, aunque por sí solo no basta para saber de qué se trata.
Apoyas el pie al salir de la cama y duele. Das unos pasos cojeando, y a los cinco minutos casi ha desaparecido. Vuelves a sentarte un rato en el sofá, te levantas, y otra vez.
Ese patrón —peor al arrancar, mejor en movimiento, peor otra vez tras el reposo— es el más característico del dolor de talón. Orienta, aunque no basta para saber qué lo causa, y merece la pena entender por qué ocurre: explica también qué hace que mejore.
Qué está pasando en el talón
Del talón a la base de los dedos hay una banda de tejido fibroso, la fascia plantar, que sostiene el arco del pie cuando apoyas. Trabaja mucho: en cada paso se tensa y se relaja.
Cuando se sobrecarga, la zona donde se ancla al talón se irrita. Mientras duermes, el pie está en reposo y el tejido se acorta ligeramente; al levantarte, los primeros pasos lo estiran de golpe y eso es lo que duele. Después, con el movimiento, el tejido se adapta y el dolor baja. Es la misma razón por la que vuelve tras estar sentado.
Cuando esa irritación se mantiene se habla de fascitis plantar, y en su ficha está qué se mira en consulta para confirmarlo.
Lo que suele haber detrás
Casi nunca es una sola cosa. Cuando aparece, normalmente se han juntado varias en las últimas semanas.
- Un aumento reciente de actividad: más pasos, más horas de pie, empezar a caminar o a correr.
- Calzado sin sujeción o muy desgastado, o el cambio a chanclas y suelas planas en verano.
- Un cambio de superficie: pasar de suelo blando a paseo marítimo, o de zapato a andar descalzo en casa.
- Un aumento de peso, incluido el del embarazo.
- Una forma de apoyar que hace trabajar la fascia más de lo que le corresponde.
Si la forma de apoyar parece participar, un estudio de la pisada ayuda a comprobarlo antes de decidir nada.
Tener un espolón no explica por sí solo el dolor
Es lo que más se oye y lo que más confunde. En una radiografía puede verse una pequeña prominencia ósea en el talón —el espolón calcáneo—, y es fácil concluir que eso es lo que pincha.
Pero hay mucha gente con espolón y sin ningún dolor, y gente con este dolor y sin espolón. A menudo el espolón es la consecuencia de años de tracción en esa zona y no explica por sí solo el dolor de hoy. Por eso el abordaje no se centra en el espolón, sino en lo que encuentre la exploración, que con frecuencia es una fascia sobrecargada.
Qué ayuda mientras pides cita
- No andar descalzo por casa, y menos sobre suelo duro: es lo que más carga el talón.
- Usar un calzado que sujete el talón y tenga algo de amortiguación, también dentro de casa.
- Bajar temporalmente el volumen de actividad en lugar de pararla del todo.
- Estirar suavemente la pantorrilla y la planta del pie antes de dar los primeros pasos del día.
Cuándo no esperar
No todo dolor de talón es una fascitis. Si el dolor apareció de golpe tras un esfuerzo o un salto, si no cede en semanas, si te despierta por la noche, si va con hinchazón o si el talón está caliente y enrojecido, conviene explorarlo: puede ser una lesión del tendón, una fractura por estrés o un problema del nervio, y cada uno se aborda distinto.
Si lo que te duele es la parte de arriba del pie y no bajo el talón, la pregunta es otra: en dolor en el empeine sin golpe previo está qué observar y cuándo consultar.
Fuentes
- Plantar fasciitis (se abre en una pestaña nueva) · National Health Service (NHS)
- Heel pain (se abre en una pestaña nueva) · National Health Service (NHS)
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