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Dedos en garra y en martillo

Dedos que se doblan y dejan de apoyar. Rozan por arriba con el zapato y sobrecargan la planta por debajo.

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En resumen

Dedos que se doblan de forma permanente: rozan por arriba con el zapato y sobrecargan la planta por debajo.
Cuando sale un callo en el nudillo del dedo, una dureza en la planta bajo él, o el dedo choca con la puntera.
Primero se comprueba si aún se puede estirar. Con movilidad se trabaja la posición; sin ella, se protege y se descarga.

Cuando un dedo se dobla de forma permanente aparecen dos problemas a la vez: por arriba, el nudillo queda más alto y roza con la parte superior del zapato, lo que produce un callo en el dorso del dedo; por debajo, la punta deja de apoyar y su carga pasa a la cabeza del metatarsiano, que se irrita y desarrolla una dureza en la planta. Los dos dan dolor y los dos se pueden aliviar.

Puede afectar a un solo dedo o a varios, y a menudo va de la mano de un juanete: al desviarse el dedo gordo, el segundo se queda sin sitio y se monta. También aparece por un calzado corto mantenido en el tiempo, por un desequilibrio entre los músculos que doblan y estiran el dedo, o asociado a enfermedades que afectan al nervio o a la articulación. Mientras el dedo conserve movilidad se puede trabajar mucho; cuando se queda rígido, el objetivo pasa a ser proteger y descargar.

Qué se hace

  • Comprobar si el dedo aún se puede estirar o si ya está rígido.
  • Tratar el callo del dorso y la dureza de la planta que lo acompañan.
  • Ortesis de silicona hechas sobre el propio dedo para protegerlo y realinearlo.
  • Revisar el calzado: altura de la puntera y longitud real, no la talla.
  • Descargar la cabeza metatarsal que ha asumido la carga del dedo.

¿Se te clava el zapato en el nudillo de un dedo o te sale un callo encima?

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Preguntas frecuentes

¿Cómo sé si mi dedo todavía se puede estirar?
Se comprueba sin apoyar el pie: siéntate, coge el dedo con la mano y llévalo con suavidad hacia su posición recta. Si cede y se estira, aunque vuelva a doblarse al soltarlo, la articulación conserva movilidad; si no cede nada y notas un tope rígido, ya está fijo. La diferencia importa porque cambia el objetivo del tratamiento: con movilidad se puede trabajar la posición y repartir mejor la carga, y sin ella el trabajo pasa a ser proteger el nudillo del roce y descargar la cabeza del metatarsiano que ha asumido la carga que el dedo ya no lleva. Hazlo sin forzar, y si duele, para: eso es un dato para contar, no algo que haya que vencer.
¿El callo de arriba del dedo se puede quitar para siempre?
Retirarlo sí, y alivia enseguida. Que no vuelva es otra cosa: se ha formado porque ese punto roza con la parte superior del zapato en cada paso, así que mientras el contacto siga ahí, la piel se volverá a engrosar. De modo que hay dos frentes y los dos hacen falta: quitar el callo para que deje de doler, y quitar el roce para que no se rehaga. Lo segundo es lo que se trabaja con el calzado —altura de la puntera, no la talla— y con una ortesis de silicona hecha sobre el propio dedo, que lo protege y lo reposiciona. Y si el callo llega a abrirse, eso ya no es un callo: es una herida en una zona con poco tejido sobre el hueso, y se mira sin esperar.

Publicado por Clínica Podológica Seila Ivars

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    La valoración se adapta a tu edad, tu movilidad, tu estado de salud y a lo que te preocupa.

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Para la primera visita: trae el calzado que usas a diario, las plantillas que lleves ahora si las tienes y cualquier informe anterior relacionado con tus pies.

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Seila Ivars Ribes

Podóloga colegiada

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