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Pie diabético

Revisión periódica del pie en personas con diabetes. El objetivo es que una lesión pequeña no llegue a ser un problema grande.

Enviar la solicitud no confirma la cita: la clínica la revisa y te confirma la hora.

Primer plano de unas manos con guantes separando los dedos de un pie para revisarlos uno a uno

En resumen

Revisión periódica del pie en personas con diabetes, con exploración de la sensibilidad y criterio de riesgo.
Si tienes diabetes, aunque no notes nada: la pérdida de sensibilidad es silenciosa y no avisa con dolor.
Sensibilidad, piel, uñas y durezas con criterio de riesgo, revisión del calzado y pauta de autorrevisión en casa.

La diabetes puede afectar al pie de dos formas que se suman: reduce la sensibilidad —así que una herida, un roce o una piedra en el zapato pueden pasar desapercibidos— y dificulta la circulación, con lo que lo que se lesiona tarda más en curar. Esa combinación es la que convierte una ampolla o una uña mal cortada en algo que conviene vigilar de cerca.

La revisión podológica en diabetes no es una quiropodia con otro nombre: incluye explorar la sensibilidad del pie y el estado de la piel, mirar las zonas donde el calzado presiona, cuidar uñas y durezas con criterio de riesgo y acordar cada cuánto conviene volver. La mayor parte del trabajo es prevención, y funciona: revisar el pie con regularidad y saber qué mirar en casa es lo que evita la mayoría de las complicaciones.

Qué incluye la revisión

  • Exploración de la sensibilidad del pie.
  • Revisión de la piel, los talones y los espacios entre los dedos.
  • Corte y fresado de uñas y retirada de durezas con criterio de riesgo.
  • Revisión del calzado y de los puntos donde presiona o roza.
  • Pauta de autorrevisión en casa y frecuencia de las revisiones en consulta.

¿Tienes diabetes y hace tiempo que nadie te revisa los pies?

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Preguntas frecuentes

Tengo diabetes. ¿Puedo cortarme yo las uñas?
Depende de dos cosas que se comprueban en la consulta: si conservas la sensibilidad del pie y si llegas a verte bien las uñas. Con sensibilidad normal, buena visión y una uña sana, cortarla recta y sin apurar las esquinas es razonable. Lo que no conviene hacer en casa en ningún caso es retirar durezas, tocar un borde que se está clavando o usar callicidas y limas metálicas agresivas: en un pie con sensibilidad reducida es fácil pasarse sin notarlo, y una herida ahí no avisa con dolor. Si no ves bien tus pies o no llegas cómodamente, mejor no improvisar: eso es parte de lo que se hace en la revisión.
¿Qué tengo que mirarme en casa?
Los dos pies enteros, todos los días, y a la misma hora para que no se olvide: por ejemplo al acostarse. Se miran la planta, los talones, el borde externo y entre los dedos, que es donde más se pasa por alto. Lo que se busca es cualquier cosa nueva: una herida o una ampolla aunque no duela, una zona enrojecida o más caliente que el resto, un cambio de color, una grieta, mal olor o una uña que ha cambiado. Si no llegas a verte la planta, usa un espejo en el suelo o pide que te la mire alguien. Y revisa el zapato por dentro con la mano antes de calzarte: una costura suelta o una piedrecita hacen daño sin que lo notes.
Tengo diabetes pero no noto nada raro. ¿Hace falta revisión?
Sí, y precisamente por eso. La pérdida de sensibilidad es progresiva y silenciosa: no se nota que se está perdiendo, se nota cuando ya falta. Así que «no me duele nada» no es una medida de cómo está el pie, es exactamente lo que hace que una lesión pase desapercibida. La exploración de la sensibilidad es una prueba objetiva y es lo que permite saber en qué situación estás y con qué frecuencia conviene revisarte. Si sale bien, se te dice y las revisiones son más espaciadas; y tener una referencia de hoy es lo que permitirá ver un cambio más adelante.

Publicado por Clínica Podológica Seila Ivars

Saber qué va a pasar también tranquiliza.

Cuatro pasos, desde que entras por la puerta hasta que sales sabiendo qué sigue.

  1. Llegas y cuentas qué te ocurre

    La consulta funciona con cita. Se empieza escuchando el motivo de tu visita y los antecedentes que importen.

  2. Se revisa tu caso con calma

    La valoración se adapta a tu edad, tu movilidad, tu estado de salud y a lo que te preocupa.

  3. Se exploran y valoran tus pies

    La misma podóloga hace personalmente la exploración y el tratamiento que corresponda.

  4. Se te explica lo que sigue

    Sales con una explicación comprensible de lo que se ha visto, del tratamiento y del seguimiento recomendado.

Para la primera visita: trae el calzado que usas a diario, las plantillas que lleves ahora si las tienes y cualquier informe anterior relacionado con tus pies.

Seila Ivars sentada en el sillón podológico de la sala de tratamiento, con la casaca de trabajo del centro y el equipo de la consulta detrás

Seila Ivars Ribes

Podóloga colegiada

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