La cirugía podológica menor es un procedimiento que se realiza en la propia consulta y con anestesia local, sin ingreso. Se plantea cuando el problema vuelve: una uña que se encarna una y otra vez por su forma o por cómo crece, o una lesión de la piel que no se resuelve por más veces que se trate de forma conservadora.
No es el primer paso, y esa es la parte importante. Antes se prueba lo que no deja secuela —corte y descarga del borde, ortesis, cambios de calzado— porque en muchos casos basta. La cirugía se plantea cuando eso ya se ha intentado y el problema reaparece, y se decide después de explorar el pie y de explicar qué se hace, qué se siente y qué cuidados hacen falta después.
Cómo se plantea
- Exploración del pie y revisión de lo que ya se ha probado y de cómo ha respondido.
- Explicación del procedimiento, de la anestesia local y de los cuidados posteriores.
- Preguntas sobre alergias, medicación, diabetes y problemas de circulación.
- Realización en consulta, sin ingreso, y salida caminando.
- Revisiones posteriores hasta que la zona está cicatrizada.
¿Se te encarna la misma uña una y otra vez aunque te la traten?
Pedir citaPreguntas frecuentes
- ¿Vuelve a crecer la uña después?
- Depende de qué se haga, y eso se te explica antes de decidir nada. Hay intervenciones en las que se retira solo la parte de la uña que está causando el problema y la lámina sigue creciendo; y hay otras en las que, precisamente para que el borde no vuelva a clavarse, se actúa sobre la zona desde la que ese borde crece, y entonces la uña queda más estrecha de forma permanente. Ninguna de las dos es «mejor» en abstracto: se elige según por qué se te clava y cuántas veces ha vuelto. Lo que sí puedes esperar es saber, antes de firmar nada, qué parte de la uña va a quedar y qué aspecto tendrá el dedo después.
- Ya sé que me va a volver. ¿Por qué hay que probar antes otras cosas?
- Porque lo conservador se puede deshacer y una intervención no. Cambiar el corte, liberar el borde, ajustar el calzado o poner una ortesis no deja nada permanente: si no funciona, se ha perdido tiempo y nada más. Y en bastantes casos funciona, porque la causa no era la forma de la uña sino algo que se podía corregir. Cuando eso ya se ha intentado y el problema vuelve, entonces la conversación cambia y la opción quirúrgica pasa a tener sentido: no como último recurso resignado, sino como la decisión razonable cuando lo reversible se ha agotado. Si vienes con ese recorrido hecho, dilo: cuántas veces ha vuelto y qué se ha probado es justo lo que hace falta saber.
- ¿Y si no quiero operarme?
- Entonces no se opera. Es tu decisión y no hace falta justificarla: se plantea como una opción, no como una indicación que haya que aceptar. Lo que cambia es el objetivo, que pasa a ser convivir con el problema con el menor dolor posible: revisiones para retirar el borde antes de que llegue a doler, trabajo sobre el calzado, y las medidas que en tu caso reduzcan la frecuencia con la que vuelve. Es un planteamiento legítimo y para bastantes personas es el correcto. Lo que conviene saber es que eso significa volver de forma regular, y que si en algún momento cambias de idea, la opción sigue estando ahí.